jueves, 10 de septiembre de 2009

Mi camiseta de Obama

Yo soy tan pro Obama, que hasta tengo una camiseta con su nombre, que me compré en Los Angeles. Muchas veces me la pongo sin darme cuenta de que la llevo y algún que otro americano desconocido me saluda entusiasta al grito de Obama. Yo siempre tardo en reaccionar, y pienso, ¿por qué este hombre sabe que me gusta Obama? Hasta que caigo.
Jesús y Joaquín me trajeron un muñeco Obama cuando estuvieron en NY y yo ahora que volveré en un mes a la capital del mundo, seguro que también arramblo con algo que lleve su nombre, una taza, una foto, un seguro médico. Me estoy leyendo uno de sus libros también. Sabe escribir. A mi este hombre aún no me ha decepcionado. Ayer en su discurso ante las dos cámaras dijo que EEUU era la única democracia del mundo sin cobertura universal. Y se ve que a la mitad de los americanos les da lo mismo. Las aseguradoras privadas se han gastado ya más de 300 millones de euros en desacreditar las palabras de Obama y su proyecto de reforma. 300 millones. Los más rancios y conservadores han basado toda la campaña de oposición a la reforma diciendo barbaridades como que favorecía la eutanasia entre los ancianos y que habría comités de médicos que decidirían quién tenía que vivir y quién tenía que morir. Esos mismos republicanos parecen olvidar que eso es exactamente lo que lleva pasando mucho tiempo en ese país, porque las aseguradoras privadas son las que todos los días deciden no correr con más gastos de algunos de sus pacientes, alegando que ciertas enfermedades no las cubre el seguro, ya que sus tratamientos son carísimos, y dejan a sus asegurados sin cobertura, o sea, con un pie en la tumba. Y después dicen que los que favorecen la eutanasia son los demócratas. En la primera potencia mundial, miles de personas después de estar pagando durante toda su vida seguros médicos carísimos, son desatendidas por las propias aseguradoras que no quieren reducir ni un ápice sus beneficios. Obama y su gobierno quieren acabar con ello. Llevan meses siendo insultados.
Yo mientras seguiré llevando su camiseta.