

Estoy en plena ebullición creativa, buscando debajo de las piedras, empapándome de todo lo que veo, entrando en fase autista, de repente me despisto de cualquier conversación y penetro sin querer en alguno de los universos que empiezan a germinar en mi cabeza. El amarillo del otoño, la luz y el color de Malasaña me llevan a dar vueltas a una idea que se me escapa, que está cerca, que intento atrapar, pero se escurre. Empiezo a intuir el tono, el ambiente, y también surgen los primeros acordes, apuntes de personajes, pero luego de nuevo se diluye... El proceso de creación, qué cosa más extraña. Y apasionante.
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