viernes, 25 de junio de 2010

Rayos y truenos

El miércoles por la noche nos reíamos en casa viendo un capítulo de La que se avecina. En un momento genial los vecinos más disparatados del bloque robaban la antena de la tdt, una antena parabólica y un pararrayos a los del bloque del al lado. En el camino a casa uno de ellos miraba a los que portaban la antena parabólica y el pararrayos y decía algo así, como: "Coño, si parecéis Sancho Panza y Don Quijote." Y tenía razón. Poco después un vecino del bloque en el que habían robado, recupera el pararrayos con la mala suerte de que estalla una tormenta y un rayo le alcanza dejándole frito.
Ayer por la noche estábamos tomando algo en La Sueca y una tormenta de dimensiones bíblicas hizo caer miles de litros de agua, cientos de rayos y dejó sin luz las calles. Yo había dejado uno de los balcones abiertos y temía que Mazinger estuviera muerto de miedo por tanto trueno relampagueante, y también que el agua se estuviera colando a raudales sobre mi parqué super caro. Pero claro, con la que estaba cayendo tampoco nos atrevíamos a dejar el bar. Maribel, estupenda camarera, que siempre nos enseña las tetas si estamos aburridos o si la aburrida es ella, solucionó nuestra congoja: Llevaos uno de estos paraguas, lleva aquí meses y nadie lo reclama.
Era un paraguas enorme, feo, y con un mango que parecía una enredadera. Pero sirvió para protegernos de la lluvia. Eso sí, con tanto rayo cercano como estaba cayendo, yo no dejaba de pensar en el vecino chamuscado de La que se avecina y en que nosotros podíamos ser los siguientes en morir alcanzados por un relámpago. Recordándolo no dejamos de reirnos. Y yo en medio de la lluvia me puse a alabar algunas series españolas, y el talento infinito de Alberto Caballero, creador de la grandísima Aquí no hay quien viva. Y en ese momento me dije a mí mismo, mañana lo escribo en el blog. Ya está bien de poner siempre por las nubes las series americanas, hombre. Además en todos los años que llevo adorándolos ninguna de esas series me había regalado un momento con Don Quijote y Sancho Panza.
Llegamos a casa sanos y salvos. Y bastante secos. El agua no había llegado al parqué y Mazinger nos recibió contento y aliviado.

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