martes, 10 de junio de 2008

Otra foto de Tony


Otra foto de Tony, para compensar esa a mala leche que le hice yo al pobre Mazinger y colgué hace unos días, en la que estaba completamente mojado.

Un regalo


La foto me la pasó Antonio, el dueño de Micro, que es el dálmata al que besa Mazinger. La foto es de Tony, un desconocido al que le agradezco mucho este regalo. Así es Mazinger en la plaza. Puede ser un guerrero y también puede ser así, un oso amoroso, de ahí que muchas veces le llamemos mazingeroso. Sí, lo sé, dicen que a los perros hay que ponerles nombres bisilábicos. Pero dicen tantas cosas...
Mi perro se ha ganado a pulso un nombre de 5 sílabas.

lunes, 9 de junio de 2008

¿En qué lado está la pega?


¿En qué lado está la pega? Parece una pregunta metafísica, ¿a qué si? O tal vez la pregunta que uno se hace cuando descubre un chollo de piso, o unos vaqueros demasiado baratos, o un trabajo en el que te ofrecen ganar demasiado dinero. ¿En qué lado está la pega?
Pues no. En esta plaza idílica que contempla Mazinger, si un borracho, uno de los habituales que toma el sol a las 2 de la tarde (los días que hace sol, claro) se acerca a ti y te hace semejante pregunta, se refiere a otra cosa.
¿En qué lado está la pega? Y cuando lo miras con cara extraña, él te señala el papelillo que lleva en las manos y te explica que se ha olvidado las gafas, que lleva un ciego del quince (eso último no necesita explicarlo, se ve y se huele) y que es incapaz de encontrar por sí mismo el lado que pega del papelillo de fumar, y que si eres tan amable y le indicas cuál es, que si el de un lado o el del otro.
Yo que nunca fui capaz de liarme un porro, me quedo con las ganas de explicarle que no soy el más indicado para semejante favor y le contesto un escueto, no. El mismo que le van contestando uno tras otro todos los dueños de perro de la plaza. Hasta que llega un dueño de perro, con pinta más experta que la nuestra, o tal vez, más voluntarioso, y le señala que la pega está por ese lado.
Porque claro, siempre, siempre, hay una pega. En el papelillo, en la vida, incluso en esta plaza.

9 de junio


9 de junio y sigue lloviendo. Si alguien lo duda, este es el aspecto de Mazinger después de su paseo habitual. Hoy me he levantado muy temprano para acabar unas cosillas de curro y desde las siete y cuarto de la mañana Mazinger ha estado mirando con añoranza la plaza y la lluvia a través de los balcones. Con sus gemidos me suplicaba que le bajara. Yo me he resistido y me he mantenido firme hasta las 11 y media. Al ver que escampaba un rato por fin lo he bajado. Él se ha encontrado con sus dos mayores compañeros de juerga, Bax y Luna. Mientras ellos jugaban y se restregaban por el suelo enlodado ajenos completamente al frío y al nuevo chaparrón que ha empezado a caer, los tres dueños les contemplábamos cubiertos por capuchas, tiritando y quejándonos de este junio invernal. Mi capucha era gris, la de Andrei verde, y la de la chica, naranja. No sé por qué dicen que el tiempo está loco, si el refrán se está cumpliendo a raja tabla. Hasta el 40 de mayo...

domingo, 1 de junio de 2008

Vecinos con perro


Andrei, Marisa, Antonio, Miguel, Iván, Marina, Paul... Poco a poco los dueños de los perros de la plaza van teniendo nombre. Y con los nombres también llegan apuntes breves de sus biografías. Es muy agradable ir conociendo a los vecinos sobre todo cuando pienso que si no fuera por Mazinger, yo nunca hubiera cruzado una palabra con ellos. En una edad en la que cada día cuesta más conocer a gente nueva y uno se va quedando además sólo con los amigos esenciales, (pocos, escogidos, imprescindibles) es muy reconfortante empezar a formar parte de este círculo amable e inesperado de vecinos con perro.

Blanco nuclear


Para los que pudieran dudar del blanco nuclear de Mazinger recién bañado. Y para todos aquellos que lo han querido ver blanco pero nunca han llegado a tiempo. Ahora mismo, mientras pasea por la casa, ya está a dos colores, blanco por arriba, negro por abajo.

1 de junio


Mazinger emite tales quejidos y aullidos cuando lo baño, que da la sensación de que lo estuviera torturando. Encima al estar mojado y con el pelo pegado al cuerpo, su indefensión parece mayor y sus ojos más grandes. Ojos que suplican el perdón por esa tortura que no comprende. Yo tengo que endurecer el corazón para que no me afecte su performance y pensar en el gato con botas de Shreck, que ponía también la misma cara de súplica y de lástima, pero era puro teatro. Mazinger dos minutos después del baño ya se ha recuperado de la tortura y busca feliz cualquier rincón sucio de la casa para restregarse y recuperar ese gris que tanto le gusta.
Siempre que lo baño aspiro al menos a que durante 24 horas esté blanco nuclear. Aguanta 10 minutos. Sobre todo cuando lo saco a la calle en un día lluvioso como hoy, cualquiera diría que es 1 de junio. La suerte es que al estar el día tan desapacible apenas había perros con los que pudiera restregarse. Yo, ya que no me podía entretener con él, me he dedicado a comprar el periódico y a observar la fachada de mi casa sin andamios. Ahí, en ese edificio amarillo, vivimos Mazinger y yo. En el quinto. ¿A qué mola?