sábado, 18 de abril de 2009

Imperdibles

-Mira, un imperdible.
-¿De donde lo has sacado?
-Del suelo, estaba ahí.
-¿Te has encontrado un imperdible en la calle?
-Sí, siempre encuentro alguno.
-¿Sueles encontrar imperdibles?
-Sólo es cuestión de fijarse. Tampoco es tan raro. ¿Lo quieres?
-Eh… no…
-Vale, entonces me lo pongo en el pantalón, al lado de este grande.
-¿Ese también lo encontraste en la calle?
-Sí, hará un mes más o menos.
-Qué cosas… hay algo paradójico en eso de encontrar cosas que no se pueden perder… Nunca pensé que se pudiera encontrar un imperdible…
-Es cuestión de fijarse.

Ahora que G. ya no está, a veces miro al suelo buscando algo, sin saber muy bien el qué. Y de pronto me acuerdo de los imperdibles. Y de que era cuestión de fijarse. Yo aún no he encontrado ninguno.

Y me da por pensar que hay que estar hecho de una pasta distinta para que los imperdibles salgan a tu paso, y además no darle importancia.

3 comentarios:

Joaquín dijo...

Qué preciosidad, Carlos... Es redondo.

Anónimo dijo...

eso me recuerda la historia de un rey árabe que tenía una esclava.
El rey lo tenía todo. Era amado por sus súbditos y los reinos vecinos le admiraban. Vivía en un hermoso palacio totalmente lleno de riquezas y su pasión era literatura. La sabiduría de los grandes pensadores se encontraba al alcance de su mano en la más suntuosa biblioteca que se recordaba. Tan conocido como persona inteligente, justa y preclara que incluso los monarcas de otros reinos le consultaban problemas de estado y por si esto no fuera suficiente, Alá le bendijo con el don de la belleza.
Sin embargo se encontraba solo.
Un día leyó la historia de un ruiseñor enjaulado por un hombre enamorado de su belleza y cómo, aun estando en la mayor jaula jamás creada por un humano murió de pena porque el ruiseñor ha de ser libre. Pensando en esta historia acabó caminando por el zoco y vio cómo subastaban a una joven cristiana secuestrada tras una escaramuza en tierra enemiga. Subyugado por la belleza de la joven ofreció hasta mil piezas de oro más de lo que ofrecía el máximo pujador y la llevó a su palacio. Allí preparó los más lujosos aposentos y ordenó crear los más bellos tapices y jardines.
La hermosa cautiva pronto recuperó la sonrisa y comenzó a compartir cada hora del día con el rey.
El monarca por fin supo lo que era el amor y la felicidad al lado de la esclava, pero sin embargo observó que cada día su esclava subía a la torre más alta del palacio y perdía su mirada en dirección a su tierra.
El buen monarca, recordando la historia del ruiseñor y pensando sólo en que a pesar de la felicidad y amor que se profesaban ella era un pájaro enjaulado en un palacio de oro, rubíes y mármol un día le preguntó a su amada si era feliz y ella respondió que si, pero su mirada denotaba tristeza.
Sin pensar en su propia felicidad mandó liberar a la cristiana y ella, aunque se negaba a dejar su jaula, finalmente volvió a su tierra, sin saber muy bien cual era la causa del destierro de aquel palacio.
El monarca, desde entonces permaneció encerrado en palacio negándose a saber nada sobre el destino de la joven y cada día subía a aquella torre donde su amada, con perdida mirada, añoraba su tierra y donde él rememoraba aquellos tiempos felices.
Afligido por la soledad, el monarca cayó mortalmente enfermo sin que ni médicos ni hechiceros encontraran remedio para su mal. En su lecho de muerte finalmente quiso saber acerca del destino de su amada y supo que ella, totalmente enamorada, aguardó a las puertas de palacio porque su felicidad nunca fue mayor que la que tuvo a su lado y supo también que mendigó hasta que cayó enferma y murió esperando que el rey cambiara de parecer.
Destrozado por su error, el monarca ordenó construir un monumento en honor de la bella y tras aquello murió.
Admirados por el grade y mutuo amor que se profesaron que incluso les llevó a la muerte, su pueblo les enterró en este monumento que quedó para siempre como muestra de amor.


No es tan bonita como la de los imperdibles, pero me recuerda a ella. Un amigo.

Anónimo dijo...

La verdad es que es precioso. Gracias a este texto, me he animado a crear un blig, lo cual te agradezco.
un abrazo, gumer.