Mañana entrevisto a Anne Hathaway. Estoy atacado. La primera vez que la vi fue en esa cosa tonta llamada Princesa por sorpresa. Y ahí ya me impresionó. No sólo por su belleza, había algo camaleónico y también contradictorio, era cercana y era distante. Estaba perfecta en el papel, podía ser la chica de al lado y al final de la película convertirse en una princesa de cuento de un país absurdo tipo Mónaco. Seguí su trayectoria, la segunda parte de Princesa por sorpresa, Brokeback Mountain, El diablo viste de Parda, Passengers, y por supuesto La boda de Rachel. Si quedaba alguna molécula en mí que aún no la adoraba, con esa peli, la devoción fue total y absoluta. Normal que la nominaran al oscar. Qué interpretación, qué fragilidad, qué tortura interior, qué manera de plasmar la profundidad sicológica. ¿Cómo podía lograrlo con esa cara tan limpia, con esos rasgos tan puros y simétricos de portada de revista femenina tan alejados en principio de cualquier asomo de complejidad existencial?
Cuando en el semanal hablaron de la posibilidad de entrevistarla yo no dije nada. Por un lado me moría de ganas pero a la vez temía el cataclismo. Porque no estaba seguro de poder sentarme enfrente de ella y comportarme como un periodista profesional. Temía ponerme a gritar en plan fan histérico. Así que me callé, mejor que la entrevistara otro. Pero claro, yo que no soy nada discreto con mis afectos y gustos había comentado a todo el mundo una y otra vez lo mucho que me gustaba la chica. Sólo me faltó cantar: “Enamorado estoy, dime tú lo que me has dado” Si es que no me había ahorrado ni un solo adjetivo laudatorio. Así que la redactora jefe me endosó a mí la entrevista, con una gran sonrisa y creyendo que me estaba haciendo el mejor regalo de cumpleaños. Tienes tres páginas, me dijo. Y desde ese momento estoy temblando. Hasta dudo de que mañana pueda decir algo coherente en inglés, yo, que soy bilingüe. ¿Qué le voy a preguntar? ¿Qué se le pregunta a un mito? Tengo media hora para hacer una buena entrevista. Los de la distribuidora y sus agentes no nos dan más a cada entrevistador. ¿Cómo la puedo impresionar en media hora? No, no. Sé que eso es enfocar mal mi trabajo. Yo no la tengo que impresionar, tengo que sacar una buena entrevista. Nada más. Amena, interesante, y si puede ser un puntito diferente, genial, pero si no tampoco pasa nada. Lo importante es que sea amena. No tienes que impresionarla, tatúatelo en la frente si es necesario. Y olvídate de enamorarla. En media hora no hay tiempo. Y no estás en Notting Hill. Las estrellas no se enamoran de tenderos, ni de periodistas. Nunca. Sé que esta noche no dormiré. Y mañana iré ojeroso a conocerla. Espero que aún me quede algo en ese corrector de ojeras que le robé a Marta.
Me voy a la cama. Mañana os cuento.
Vuelvo de la entrevista. Efectivamente dormí fatal toda la noche. Y no quedaba corrector de ojeras. Los de la distribuidora me dieron sólo 20 minutos de los 30 prometidos. Me senté enfrente de ella. Estaba atacado. Ella apenas me miró. Le hice la primera pregunta con un temblor de alcohólico que aún no se ha tomado la primera copa. Me contestó casi con monosílabos. Y ahí me di cuenta de una cosa, y fue liberador, esa chica me interesaba cero patatero. Años fantaseando con este momento y de repente esa chica no me decía nada. No me sugería lo más mínimo. Era muy guapa, sí, pero como tantas que había entrevistado. No era especialmente tonta ni desagradable y cumplía con su trabajo, sí, pero no había ni rastro de todo lo que me había enamorado de ella. Sin guión que defender era una más. Otra chica más.
Así que me relajé e hice una entrevista estupenda. Improvisando preguntas sobre la marcha porque en ese momento todas las que llevaba preparadas me parecieron absurdas.
En el trabajo me felicitaron y mi jefa les dijo a todos que en cada pregunta se notaba la adoración que sentía por la chica y que eso había quedado muy bien reflejado en el texto.
No la quise contradecir, pero no podía estar más equivocada.
Llevé la chaqueta de la entrevista a la tintorería porque después de que saliera de estar con la Hathaway tuve un pequeño incidente con un vaso de vino. En la tintorería me dieron la chaqueta y una tarjeta que al parecer estaba en un bolsillo. En la tarjeta había un teléfono escrito a mano y tres palabras:
Call me. Anne.
Vaya.
domingo, 17 de mayo de 2009
miércoles, 13 de mayo de 2009
Opio
Nuestro crítico más furibundo, nuestro querido Esparza, después de habernos dedicado calificativos como comadrejas, o profetas del apocalipsis, esta vez nos llama expendedores de opio. Qué grande.
Y ya van 4 críticas demoledoras, pero con mucho arte. En cada insulto yo noto la admiración. Somos su droga dura. Él no quiere pero cae. Somos sus dealers, sus camellos, y aunque se lo dejamos a bajo precio, (unos cuantos anuncios publicitarios) él se queja porque necesita la dosis y no, no, no, no.
¿Opio? ¿De verdad?
Este hombre se está ganando a gritos un día en el plató. O el cojín secreto de Física o Química.
Y ya van 4 críticas demoledoras, pero con mucho arte. En cada insulto yo noto la admiración. Somos su droga dura. Él no quiere pero cae. Somos sus dealers, sus camellos, y aunque se lo dejamos a bajo precio, (unos cuantos anuncios publicitarios) él se queja porque necesita la dosis y no, no, no, no.
¿Opio? ¿De verdad?
Este hombre se está ganando a gritos un día en el plató. O el cojín secreto de Física o Química.
De un lugar perdido
Busco entre los cds todos los que tengo de Antonio Vega. Están llenos de polvo. ¿Cómo puede ser si siento que sus canciones nunca han dejado de acompañarme? ¿Cómo puede ser que esos cds no los haya pasado al itunes? ¿Cómo puede ser que haya polvo sobre canciones que están tan vivas?
Ultimamente que ando obsesionado con el legado, con lo que dejaremos tras nuestro paso, escucho cualquiera de Antonio Vega y pienso, eso sí es haber pasado por el mundo (aunque llevara media vida muriéndose). Eso sí es un legado.
Si existiera algo más que polvo y ceniza después de este paréntesis entre la nada y la nada, Antonio, cántales a todos aquella de El sitio de mi recreo. O la de lucha de gigantes. O la de desordenada habitación. O la de se dejaba llevar. O la de...
Si tenéis un ratito, hoy regalaos cualquiera de ellas. Y no pasa nada si una lágrima asoma a vuestros ojos. Está bien rendir tributo a los grandes, a los que nos han acompañado desde el primer beso robado hasta el penúltimo amor.
Lucha de Gigantes
Ultimamente que ando obsesionado con el legado, con lo que dejaremos tras nuestro paso, escucho cualquiera de Antonio Vega y pienso, eso sí es haber pasado por el mundo (aunque llevara media vida muriéndose). Eso sí es un legado.
Si existiera algo más que polvo y ceniza después de este paréntesis entre la nada y la nada, Antonio, cántales a todos aquella de El sitio de mi recreo. O la de lucha de gigantes. O la de desordenada habitación. O la de se dejaba llevar. O la de...
Si tenéis un ratito, hoy regalaos cualquiera de ellas. Y no pasa nada si una lágrima asoma a vuestros ojos. Está bien rendir tributo a los grandes, a los que nos han acompañado desde el primer beso robado hasta el penúltimo amor.
Lucha de Gigantes
Convierte el aire en gas natural
Un duelo salvaje advierte
Lo cerca que ando de entrar
En un mundo descomunal
Siento mi fragilidad
Vaya pesadilla corriendo
Con una bestia detras
Dime que es mentira todo
Un sueño tonto y no más
Me da miedo la enormidad
Donde nadie oye mi voz
Deja de engañar
No quieras ocultar
Que has pasado sin tropezar
Monstruo de papel
No se contra quien voy
O es que acaso hay alguien más aquí
Creo en los fantasmas
Terribles
De algun extraño lugar
Y en mis tonterias para
Hacer tu risa estallar
En un mundo descomunal
Siento tu fragilidad
Deja de engañar
No quieras ocultar
Que has pasado sin tropezar
Monstruo de papel
No se contra quien voy
O es que acaso hay alguien más aquí
Deja que pasemos sin miedo
domingo, 10 de mayo de 2009
Después de la siesta
Damián estaba sentado en su despacho abierto de la oficina y leía absorto algo en la pantalla de su ordenador. Gracia, la chica que apenas llevaba un mes en la compañía pasó a su lado y se dio cuenta de que Damián tenía lágrimas en los ojos.
-Damián, ¿Estás bien?
-Eh… sí, sí… ¿Por qué?
-Estás llorando.
-Ah… La alergia esta primaveral, no es nada…
Pero mientras dijo esto cerró rápidamente la página que miraba.
A Gracia le dio tiempo a comprobar que se trataba de una dirección de blogspot. Así que Damián estaba viendo un blog en horario de trabajo…
Gracia se dirigió a su mesa y le contó a su compañera que había visto llorar a Damián.
-Dice que por la alergia. Pero estaba viendo una página web de un blog
-Sería la de su hijo. Escribe muy bien, en la oficina la mitad estamos enganchados y lo seguimos día a día.
-¿Sí?
Y la compañera le pasó la dirección. Gracia, aunque sintiéndose un poco intrusa no pudo evitar la curiosidad y tecleó lo que la otra le había apuntado. Leyó la última entrada.
Después de la siesta
¿Te acuerdas de esa sensación al día siguiente de acostarte con alguien, cuando eso aún era una sorpresa, una anomalía? Habías dormido poco, te despertabas en una casa extraña, tenías mal aliento, resaca tal vez. Pero siempre la sensación feliz de haberlo hecho, de pertenecer a la raza humana cuando ya dudabas de que la falta de sexo te alejara de tu propia especie. Esa especie que follaba al menos cada sábado y tú llevabas ya tantos sin hacerlo que no sabías si alguna vez volvería a pasar. Y pasaba, y ahí de nuevo el mal aliento, la falta de sueño, el dolor en el cuello por dormir media noche en mala postura abrazado a un desconocido. Y después llegabas a casa con ganas de contarlo o con ganas de desayunar. El polvo podía haber sido más o menos bueno, más o menos malo, pero había sido. Eso era lo importante. Y luego, una siesta sin querer, porque el sueño te iba ganando mientras tú te dejabas vencer con una sonrisa de triunfo, te dolía el cuello, sí, habías dormido poco la noche anterior y tal vez la polla te molestara después de tanto roce o de haber colocado un poco torpemente el condón, pero lo habías hecho y de ahí la sonrisa. Y despertabas de esa siesta un tanto desconcertado, siempre se despierta uno así de la siesta, con el temor de que el recuerdo de la noche pasada fuera un sueño. Momentos de desazón, ¿y si no pasó? Pero al recobrar del todo la conciencia también recobrabas la certeza, claro que había pasado, ahí estaba ese dolor de cuello, esa resaca, ese mal aliento, esos brazos del extraño abrazado a tu cuerpo en el recuerdo.
Y ahora me despierto de la siesta con esa misma incertidumbre, ¿habrá sido un sueño? Y de repente al recobrar la conciencia, también un temor, hago recuento y ni rastro de resaca, ni un dolor en el cuello, ni mal aliento y tampoco recuerdo los brazos del que me abrazaba.
Porque esta vez, otra vez, ha sido un sueño. Sí.
...
Gracia se quedó un tanto impresionada por lo que acababa de leer.
-¿Has leído esto?-Le preguntó a su compañera.
-Sí.
-¿Qué edad tiene el hijo de Damián?
-22 años, creo.
-¿Y no es un poco joven para escribir algo tan nostálgico?
-Bueno…
-Lo que no entiendo es por qué lloraba Damián. ¿Se ha dado cuenta de que su hijo es gay o qué? ¿O es por el hecho de que lleve tiempo sin acostarse con alguien?
La compañera no contestaba y Gracia siguió con su diatriba.
- Odio este tipo de gente que solo escribe cosas tristes y tontas. Y su padre ¿por qué entra al trapo y se emociona? Si total, seguro que el hijo sale el próximo fin de semana y conoce a alguien…
-Lo dudo, su hijo tuvo un accidente el año pasado. Está en silla de ruedas.
-Ah..
Un compañero pasó al lado de Gracia y la otra chica. Vio a Gracia con lágrimas en los ojos.
-¿Estás bien?
-Eh.. sí, la maldita alergia primaveral.
-Damián, ¿Estás bien?
-Eh… sí, sí… ¿Por qué?
-Estás llorando.
-Ah… La alergia esta primaveral, no es nada…
Pero mientras dijo esto cerró rápidamente la página que miraba.
A Gracia le dio tiempo a comprobar que se trataba de una dirección de blogspot. Así que Damián estaba viendo un blog en horario de trabajo…
Gracia se dirigió a su mesa y le contó a su compañera que había visto llorar a Damián.
-Dice que por la alergia. Pero estaba viendo una página web de un blog
-Sería la de su hijo. Escribe muy bien, en la oficina la mitad estamos enganchados y lo seguimos día a día.
-¿Sí?
Y la compañera le pasó la dirección. Gracia, aunque sintiéndose un poco intrusa no pudo evitar la curiosidad y tecleó lo que la otra le había apuntado. Leyó la última entrada.
Después de la siesta
¿Te acuerdas de esa sensación al día siguiente de acostarte con alguien, cuando eso aún era una sorpresa, una anomalía? Habías dormido poco, te despertabas en una casa extraña, tenías mal aliento, resaca tal vez. Pero siempre la sensación feliz de haberlo hecho, de pertenecer a la raza humana cuando ya dudabas de que la falta de sexo te alejara de tu propia especie. Esa especie que follaba al menos cada sábado y tú llevabas ya tantos sin hacerlo que no sabías si alguna vez volvería a pasar. Y pasaba, y ahí de nuevo el mal aliento, la falta de sueño, el dolor en el cuello por dormir media noche en mala postura abrazado a un desconocido. Y después llegabas a casa con ganas de contarlo o con ganas de desayunar. El polvo podía haber sido más o menos bueno, más o menos malo, pero había sido. Eso era lo importante. Y luego, una siesta sin querer, porque el sueño te iba ganando mientras tú te dejabas vencer con una sonrisa de triunfo, te dolía el cuello, sí, habías dormido poco la noche anterior y tal vez la polla te molestara después de tanto roce o de haber colocado un poco torpemente el condón, pero lo habías hecho y de ahí la sonrisa. Y despertabas de esa siesta un tanto desconcertado, siempre se despierta uno así de la siesta, con el temor de que el recuerdo de la noche pasada fuera un sueño. Momentos de desazón, ¿y si no pasó? Pero al recobrar del todo la conciencia también recobrabas la certeza, claro que había pasado, ahí estaba ese dolor de cuello, esa resaca, ese mal aliento, esos brazos del extraño abrazado a tu cuerpo en el recuerdo.
Y ahora me despierto de la siesta con esa misma incertidumbre, ¿habrá sido un sueño? Y de repente al recobrar la conciencia, también un temor, hago recuento y ni rastro de resaca, ni un dolor en el cuello, ni mal aliento y tampoco recuerdo los brazos del que me abrazaba.
Porque esta vez, otra vez, ha sido un sueño. Sí.
...
Gracia se quedó un tanto impresionada por lo que acababa de leer.
-¿Has leído esto?-Le preguntó a su compañera.
-Sí.
-¿Qué edad tiene el hijo de Damián?
-22 años, creo.
-¿Y no es un poco joven para escribir algo tan nostálgico?
-Bueno…
-Lo que no entiendo es por qué lloraba Damián. ¿Se ha dado cuenta de que su hijo es gay o qué? ¿O es por el hecho de que lleve tiempo sin acostarse con alguien?
La compañera no contestaba y Gracia siguió con su diatriba.
- Odio este tipo de gente que solo escribe cosas tristes y tontas. Y su padre ¿por qué entra al trapo y se emociona? Si total, seguro que el hijo sale el próximo fin de semana y conoce a alguien…
-Lo dudo, su hijo tuvo un accidente el año pasado. Está en silla de ruedas.
-Ah..
Un compañero pasó al lado de Gracia y la otra chica. Vio a Gracia con lágrimas en los ojos.
-¿Estás bien?
-Eh.. sí, la maldita alergia primaveral.
jueves, 7 de mayo de 2009
Mi equipo

Aquí estamos el equipo de guionistas original de la serie. Falta Susana, la nueva incorporación. Y por fin una chica. Estos cinco jinetes del apocalipsis
(algo así nos llama nuestro querido crítico Esparza) somos los responsables de Física o Química. De izquierda a derecha, un servidor, Jaime Vaca, Carlos Ruano, Alberto Manzano, y en lo alto Félix Velando. Ha sido el mejor equipo que uno puede soñar para sacar adelante un proyecto como este. Estoy contento y orgulloso del éxito de la serie, pero más lo estoy de estos cuatro (ahora cinco contando con Susana) elementos. Sin ellos la serie hubiera tenido mucha menos gracia, mucha menos inteligencia, mucha menos coherencia y sobre todo hubiera tenido sólo un punto de vista, el mío. O sea, un coñazo.Hemos currado como cabrones, nos hemos reído mucho, hemos intercambiado nuestras distintas maneras de ver la vida, y sobre todo le hemos puesto toda la pasión que llevábamos dentro. Y eso se ve en la serie.
Yo en un mes abandono Física o química, soy un culo de mal asiento y llevo ya tres años dedicado en cuerpo y alma y me apetece descansar, airearme y empezar de nuevo. Por un lado estoy deseando irme, por otro me da un vértigo atroz. Miro la foto y pienso, ¿de verdad quiero abandonar este barco? Sí, necesito hacerlo, pero dejo el timón en las mejores manos. Jaime Vaca será el que marque el rumbo a partir de ahora y lo hará de maravilla. Y yo me dedicaré a... ¿quién sabe?
Esta noche por fin nos vamos de cena. Y me toca pagar. Llevo escaqueándome meses.
miércoles, 6 de mayo de 2009
Over the top games
Hoy abro El Pais y me encuentro con la foto de Juan, su hermano y dos amigos. Los cuatro fundaron hace un año la empresa de videojuegos Over the top Games. Son muy jóvenes y con una ilusión y un arrojo increíbles están siendo capaces de llevar a cabo su sueño. Cuentan con el talento de Juan como ilustrador, (si viajáis por los primeros meses de mi blog encontraréis dos dibujos suyos, uno de Mazinger y otro mío) y la capacidad emprendedora de Roberto, su hermano. El juego que han creado se llama Icarian y pronto se podrá descargar por la Wii. A mí en su momento me enseñó los bocetos y me encantaron. Ojalá les vaya bien y vendan las copias necesarias para que le empresa empiece a dar beneficios, porque hoy por hoy trabajan como burros sin ganar un duro. Yo siempre creí en ellos y hoy al verlos en El CiberPaís, (ocupan toda la portada y los dos hermanos tienen la fotogenia de dos modelos) tengo la certeza de que lo van a conseguir. Se lo merecen. Los sueños cuando se persiguen de esa manera casi siempre se acaban alcanzando.
http://www.elpais.com/articulo/portada/Vallecas/Wiimundo/elpepisupcib/20090507elpcibpor_1/Tes
http://www.elpais.com/articulo/portada/Vallecas/Wiimundo/elpepisupcib/20090507elpcibpor_1/Tes
viernes, 1 de mayo de 2009
Quédate
-¿Qué haces aquí?- Cristina está muy asombrada de ver a Eva en la habitación de hospital. Cristina está demacrada, y de repente lamenta no haberse dejado maquillar esta mañana por una enfermera en prácticas que se lo ofreció.
-Venir a verte. Y de paso me corto el pelo y me compro algo de ropa. Que en Valladolid lo más sofisticado que hay es el Corte Inglés. Y estoy ya de la moda vaquera…
-¿Quién te dijo que estaba… en el hospital?
En ese momento entra Hugo, el novio de Cristina. Alto, guapo. Él sí que parece un modelo del Corte Inglés. Pero de los que no hay en Valladolid.
Hugo ha sido quien la ha llamado. Sabe que son amigas desde hace mucho, y que estudiaron arquitectura juntas. Pero hacía tiempo que no se veían. Cris, la enferma siempre habla de su amiga Eva, la loca, la divertida. La echa de menos. Aunque Cristina nunca la llamaría en un momento así, no quiere aguarle la fiesta a nadie. Y por eso su novio ha decidido organizar ese encuentro a espaldas de ella.
-¿No te alegras de verme? Me voy a quedar un par de semanas o el tiempo que haga falta, me apetece pasarlo contigo.
-Claro que me alegro, mucho. Mucho- Cristina sonríe de verdad, hacía meses que no sonreía de esa manera.
Hugo se alegra al verla feliz, se acerca a Cristina, le da un beso en los labios y de paso le coloca la almohada.
-¿Te ha gustado la sorpresa?- le pregunta él cariñoso.
Cris asiente feliz. Pero de repente en su rostro aparece la sombra de una duda. Mira a Eva.
-¿Y en qué hotel te quedas? Esta ciudad está más cara que nunca.
El novio le dice que le ha ofrecido quedarse en su piso, en la habitación de invitados. Eso a la enferma no le hace ninguna gracia. Lo intenta disimular, pero sin demasiado éxito. Eva se sorprende.
-¿No quieres que me quede en tu casa?
-No creo que sea lo mejor.
-¿Por qué no?- Pregunta el novio algo extrañado.
-Porque está todo patas arriba, y porque tú para convivir eres un desastre, Hugo.
Eva se empieza a oler por donde va la cosa.
-No me jodas, Cris…
-No, si yo joder hace mucho que ya no… Pero tú sin embargo…
-¿Lo estás diciendo en serio?- Eva lo pregunta intentando disimular su indignación.
-No me estoy enterando de nada- Dice Hugo. Es verdad, el pobre no se está enterando.
-Explícaselo a tu novio. Venga. Dile por qué no quieres que me quede.
Cris calla un momento, calibra si sincerarse o no. Pero decide hacerlo. Es lo que tiene estar a punto de palmarla, te otorga cierta impunidad.
-No quiero que se acueste contigo, Hugo.
-¿Qué?- Hugo está escandalizado. El chico mira a Cris y luego a Eva. Desorientado, desconcertado.
-Ya ves, tu novia cree que te iba a follar mientras ella agoniza en el hospital.
-¡Aún no estoy agonizando! Y sí, por supuesto que sí. Tú y él en casa juntos, acabaríais en la cama. Y en la ducha y en el suelo de la cocina…
Hugo balbucea, indignado
-Pero… por favor… Qué cosas dices.
-¿Qué? ¿Es tan raro que no me apetezca que mi novio me ponga los cuernos cuando tengo un pie en la tumba? Pues no me apetece. Y menos con ella.
Eva estalla. De repente le da igual que su amiga esté agonizando o no.
-¿Sabes qué, Cris? Que te den por el culo. Y a poder ser, sin lubricante.
Y dicho eso sale de la habitación hecha una furia. Hugo tarda dos segundos en salir detrás de ella.
-¡Eva! Perdónala, es la quimio y los parches de morfina. La tienen un poco confundida.
Eva respira hondo. Mira a Hugo.
-Lo peor es que Cris tiene razón.
-¿Eh?- Hugo se queda descolocado un segundo- ¿Cómo que tiene razón?
-Sí. Yo me acabaría acostando contigo mientras ella se muere. No es la primera vez que me tiro a un novio suyo. Soy ese tipo de persona. Así que mejor me voy. Dile que no se preocupe que ahora con el Ave, Valladolid está a un paso, que vendré a verla.
Eva se acerca a Hugo y le da dos besos en la mejilla.
-Encantada, Hugo. Tiene mucha suerte de tenerte.
Eva se aleja por el pasillo del hospital. Hugo se queda sin saber cómo reaccionar, pero de repente la llama.
-Eva, quédate. Demuéstrale que se equivoca.
Eva se da la vuelta. Le mira a los ojos. Hugo sigue hablando.
-Ella necesita una amiga como tú, que de vez en cuando la mande a tomar por el culo y yo creo que tú necesitas demostrarle que no tiene razón. Y que nunca te acostarías con su novio mientras ella … bueno, mientras Cris se va.
Eva duda. Claro que le gustaría demostrarle que se equivoca. ¿Pero cuándo se ha equivocado Cris?
-No lo sé, Hugo
-Quédate, por favor.
-Venir a verte. Y de paso me corto el pelo y me compro algo de ropa. Que en Valladolid lo más sofisticado que hay es el Corte Inglés. Y estoy ya de la moda vaquera…
-¿Quién te dijo que estaba… en el hospital?
En ese momento entra Hugo, el novio de Cristina. Alto, guapo. Él sí que parece un modelo del Corte Inglés. Pero de los que no hay en Valladolid.
Hugo ha sido quien la ha llamado. Sabe que son amigas desde hace mucho, y que estudiaron arquitectura juntas. Pero hacía tiempo que no se veían. Cris, la enferma siempre habla de su amiga Eva, la loca, la divertida. La echa de menos. Aunque Cristina nunca la llamaría en un momento así, no quiere aguarle la fiesta a nadie. Y por eso su novio ha decidido organizar ese encuentro a espaldas de ella.
-¿No te alegras de verme? Me voy a quedar un par de semanas o el tiempo que haga falta, me apetece pasarlo contigo.
-Claro que me alegro, mucho. Mucho- Cristina sonríe de verdad, hacía meses que no sonreía de esa manera.
Hugo se alegra al verla feliz, se acerca a Cristina, le da un beso en los labios y de paso le coloca la almohada.
-¿Te ha gustado la sorpresa?- le pregunta él cariñoso.
Cris asiente feliz. Pero de repente en su rostro aparece la sombra de una duda. Mira a Eva.
-¿Y en qué hotel te quedas? Esta ciudad está más cara que nunca.
El novio le dice que le ha ofrecido quedarse en su piso, en la habitación de invitados. Eso a la enferma no le hace ninguna gracia. Lo intenta disimular, pero sin demasiado éxito. Eva se sorprende.
-¿No quieres que me quede en tu casa?
-No creo que sea lo mejor.
-¿Por qué no?- Pregunta el novio algo extrañado.
-Porque está todo patas arriba, y porque tú para convivir eres un desastre, Hugo.
Eva se empieza a oler por donde va la cosa.
-No me jodas, Cris…
-No, si yo joder hace mucho que ya no… Pero tú sin embargo…
-¿Lo estás diciendo en serio?- Eva lo pregunta intentando disimular su indignación.
-No me estoy enterando de nada- Dice Hugo. Es verdad, el pobre no se está enterando.
-Explícaselo a tu novio. Venga. Dile por qué no quieres que me quede.
Cris calla un momento, calibra si sincerarse o no. Pero decide hacerlo. Es lo que tiene estar a punto de palmarla, te otorga cierta impunidad.
-No quiero que se acueste contigo, Hugo.
-¿Qué?- Hugo está escandalizado. El chico mira a Cris y luego a Eva. Desorientado, desconcertado.
-Ya ves, tu novia cree que te iba a follar mientras ella agoniza en el hospital.
-¡Aún no estoy agonizando! Y sí, por supuesto que sí. Tú y él en casa juntos, acabaríais en la cama. Y en la ducha y en el suelo de la cocina…
Hugo balbucea, indignado
-Pero… por favor… Qué cosas dices.
-¿Qué? ¿Es tan raro que no me apetezca que mi novio me ponga los cuernos cuando tengo un pie en la tumba? Pues no me apetece. Y menos con ella.
Eva estalla. De repente le da igual que su amiga esté agonizando o no.
-¿Sabes qué, Cris? Que te den por el culo. Y a poder ser, sin lubricante.
Y dicho eso sale de la habitación hecha una furia. Hugo tarda dos segundos en salir detrás de ella.
-¡Eva! Perdónala, es la quimio y los parches de morfina. La tienen un poco confundida.
Eva respira hondo. Mira a Hugo.
-Lo peor es que Cris tiene razón.
-¿Eh?- Hugo se queda descolocado un segundo- ¿Cómo que tiene razón?
-Sí. Yo me acabaría acostando contigo mientras ella se muere. No es la primera vez que me tiro a un novio suyo. Soy ese tipo de persona. Así que mejor me voy. Dile que no se preocupe que ahora con el Ave, Valladolid está a un paso, que vendré a verla.
Eva se acerca a Hugo y le da dos besos en la mejilla.
-Encantada, Hugo. Tiene mucha suerte de tenerte.
Eva se aleja por el pasillo del hospital. Hugo se queda sin saber cómo reaccionar, pero de repente la llama.
-Eva, quédate. Demuéstrale que se equivoca.
Eva se da la vuelta. Le mira a los ojos. Hugo sigue hablando.
-Ella necesita una amiga como tú, que de vez en cuando la mande a tomar por el culo y yo creo que tú necesitas demostrarle que no tiene razón. Y que nunca te acostarías con su novio mientras ella … bueno, mientras Cris se va.
Eva duda. Claro que le gustaría demostrarle que se equivoca. ¿Pero cuándo se ha equivocado Cris?
-No lo sé, Hugo
-Quédate, por favor.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)