martes, 2 de diciembre de 2008

Una noche en la cárcel (II)

Eran las 6 de la tarde del domingo, yo ya sabía que Mazinger había aparecido pero no podía recogerlo hasta el día siguiente. Iba a pasar la noche sin mi, y a saber en qué sitio. Y a saber en qué condiciones, a la intemperie seguramente, ladrando, con frío, en una cárcel de perros, rodeado de otros perros como él pero mucho más salvajes. Sin el calor del hogar, sin el calor de la calefacción, en una de las noches más frías del año... Ay...
No dormí. Me acosté, pero no dormí, porque me lo imaginaba ladrando, aullando, sin dientes, sin hocico, cojo, sangrando, mojado, aunque no llovía... En fin, que por mucho que me dijera, tranqui, Carlos, el perro está bien, y aunque esté mal de poco servirá que tú pienses que es una vícitma del sádico de Saw. Eso no le va ayudar en nada. Pero yo no podía evitar pensar que pasaba una noche en la cárcel y que era un castigo demasiado severo para una falta tan leve como perderse seguramente por seguir el rastro de una perra en celo. ¿Acaso Mazinger no tenía derecho a un escarceo, al amor, acaso el pobre vivía en una dictadura en la que se castigaba con una noche en la cárcel cualquier desorden mínimo?
Llamé a Jaime, el unico de los guionistas con coche y el único al que curiosamente no le caía bien Mazinger, para pedirle que al día siguiente me llevara al centro de concentración, digo, de protección de animales. "Ya sé que a ti Mazinger no te cae bien y que te comió el botón del abrigo ese que te compraste en Nueva York.. pero..." "No digas tonterías, claro que te llevo. Pobre chucho de los cojones"
A las 9 y media del lunes partimos hacia el centro. Hacía incluso más frío que el domingo y yo, trastornado como iba, aunque intentando disimularlo, olvidé la correa de Mazinger.
Llegamos allí. El centro era moderno, enorme. Y al ver que no se parecía en nada al centro que había imaginado en mis pesadillas, respiré aliviado. Llegamos a la garita del guardia y me tuve que bajar del coche para entregar mi DNI. Allí vi que el buen hombre estaba leyendo una biografía de Hitler. "Mal empezamos", pensé. "Menos mal que mi perro es de raza"
Dentro tuve que rellenar varios papeles mientras la funcionaria buscaba en un ordenador que no quería funcionar dónde estaba mi perro. "Aquí no lo vemos, ¿seguro que le dijeron que estaba aquí?" "Sí, sí, me lo dijeron, me lo dijeron"
Tardaron 20 minutos en dar con él. Eternos. "Aquí está, sí. " Una lagrimillla asomó a mi ojo, que yo reprimí con entereza y mucha voluntad. No pensaba llorar. Jamás. Y menos delante de Jaime.
Otra chica salió al frío de la explanada con un walki. "El perro está en España 9, en España 9" ¿Cómo que España 9? ¿Pero adónde habían traido a Mazinger? Primero el de la entrada leyendo a Hitler y ahora mi perro está en España 9? Pero... pero...
"Vaya hacia allá, ¿ve allí al fondo a esa buena mujer cubierta de los pies a la cabeza, echando un vaho que te cagas por la boca?" (Bueno, no dijo eso exactamente, eso fue lo que vi)"Pues vayan, que ella les acompañará"
Jaime y yo nos acercamos. Los ladridos de los perros eran cada vez más fuertes. Entramos al recinto. Un frío de morirse. Decenas de perros en jaulas individuales a la intemperie. Todos ladrando desesperados. Recorrimos el pasillo E 1, E2... hasta llegar a España 9. Y allí estaba Mazinger. Con frío, con las patas sucias, pero intactas, con sus dos orejas, su rabo y su hocico . "¡Mazinger!"
Yo no iba a llorar. Eso dije.
No, aquello no fue llorar. Fue lo siguiente. Lágrimas, hipidos, sollozos, temblequeo general. "Pobriño, pobriño"
Jaime al verme llorar también se contagió. Jaime, sí, el que odiaba a Mazinger. Dos hombretones de treinta y tantos llorando, ante la cara impertérrita de la guardiana de perros cubierta hasta las orejas. Porque ella sí iba abrigada, la hijaputa. Yo ya con al perro en brazos miro a Jaime. "¿Y tú qué haces llorando?"
"Coño, Montero, si es que tienes sentimientos y claro al verlo me he emocionado..." "Mierda de chucho, mierda de chucho" Hasta lo acarició y todo.
Durante el trayecto a casa en coche, no lo solté. El pobre estaba en shock, me miraba, me lamía, luego quería lamer a Jaime que iba conduciendo. "Quita chucho". Me miraba, me lamía, yo le abrazaba... Y así hasta que llegamos.
Esa noche, mientras veía el penúltimo capítulo de mi serie, Mazinger dormía a mi lado, calentito, pegado a mí. Y soltando esos pedos que sólo suelta cuando está muy relajado. "Ay" Me sentí como una estampa de Navidad. Celebrándola al calor de la familia.

7 comentarios:

Pableras dijo...

Menudo punto de giro!!! jajaja....

ains, es lo que tiene tener un hijo!! que cuando se pierde, te vuelves loco.... pero que pronto lo han encontrando no?? tenía chip?


uhmmm

me incantó la historía, y que hayas vuelto con tu Mazinger
A ver si nos vemos,

un besote

Pablo

Calvin dijo...

Menos mal!
Cuando te vi allí con Mazinguer perdido diciendo: "Navidad, buena época para quedarse sin perr" (suerte que mazinger no puede leer....) me recordaste a Alejandro con Pancho. ¡Se me heló la sangre!
Ahora veo que la procesión iba por dentro.
Jo, yo no te llamé mil veces por no probocarte un ataque de ansiedad y me aguanté hasta la noche! Pobrecito!!!!! Con lo pequeñín que es! Buaaaaaaaaaa....

Calvin dijo...

Lo que me he reído! (y era un drama).
Un libro de Hitler? España 9?!!! Treinta y tantos?!!

Escribe el libro ya, que estás inspirao!

Y yo sí gritaba Mazinger cuando lo cuidé en la plaza... Y sí, horrible experiencia sobre todo porque luego llega ese perrillo...

Je! Dale un achuchón de mi parte y otro para ti. Me elegro del final feliz.

Jaime Vaca dijo...

He de aclarar que el único tío de treinta y tantos de la historia es Montero.

Yo soy early thirties. He dicho.

Firmado.- El que vio llorar a Carlos.

Anónimo dijo...

Me sumo al compañero que te invita a escribir el libro que deseas.
Saluda al turista de Mazinger,y bienvenido.
Eva

chavela dijo...

Madre mía Carlos, qué culebrón...es la primera vez que siento pena de ya no trabajar en el pepe. Te hubiera servido otro gin tonic y otro más en esa larga noche de espera, mientras perdías tus ojos vidriosos en la plaza... me alegro mucho mucho de que podais pasar la navidad juntos,
chenchooooooooooooooooo, chenchooooo!!!!!!
;)

combatientes70 dijo...

menudo historión, Carlitos... llorando estoy... dale un beso a Mazinger, que hace tiempo que no veo... como a ti... y me ha dado ganas de ir a abrazarlo... aunque yo tampoco sea muy amante de perros... pero que bonito y navideño final... y esa transformación del personaje de Jaime vaca, muy buena...