miércoles, 21 de septiembre de 2011

Antonio López

Y desde ayer, después de ver la exposición, ya puedo decir que mi verano ha sido como uno de sus grandes cuadros: realista, madrileño y melancólico.
Y paseando por el museo comprobamos que las mujeres mayores hablan mucho más en los museos que en misa. Y que los padres llevan a niños muy pequeños para que se culturicen. Y al menos algo de anatomía aprenden ya que se quedan fascinados ante los órganos genitales de las magníficas y tristes esculturas.
Ya no volveré a ver una nevera como sólo una nevera. Al abrirla pensaré, ¿cómo la hubiera pintado López?
Y Guille y yo nos reímos al imaginar al pintor en su casa posando la vista sobre algún espacio u objeto cotidiano y su familia temblando al temer que ese objeto o espacio quedara ahí suspendido en el tiempo, inalterable hasta que el pintor decidiera acabar la obra. "Papá, que este yogur ya está caducado y huele mal..."

1 comentario:

Anónimo dijo...

Back to business!
Antonio López es genial, el año pasado estuvo unas semanas pintando en medio de la Puerta del Sol y era una pasada ver como trabajaba.
Un abz!
SECIRAN