domingo, 19 de julio de 2009

El síndrome de Venecia

Todos conocemos en qué consiste el síndrome de Estocolmo. Se produce cuando un rehén o un secuestrado acaba desarrollando algún tipo de sentimiento afectivo por su secuestrador. Porque por muy perverso que pueda parecer el secuestrador es su conexión con el mundo, su cordón umbilical, el proveedor de alimentos, y aunque lo tenga retenido contra su voluntad de alguna manera se preocupa por él, lo mantiene con vida. El secuestrado así acaba creyendo que de el carcelero es su salvador. Y de ahí al amor hay un paso.
Bien, hablemos de otro síndrome, que me acabo de inventar, el síndrome del profesor de autoescuela. Como el nombre es muy poco glamuroso he decidido cambiarlo por el de una ciudad europea. Mi autoescuela se llama Venecia, así que a partir de ahora lo bautizo así, el síndrome de Venecia. ¿En qué consiste? Es similar al del Estocolmo, pero menos truculento. Mario, mi profesor me ha puesto sobre la pista. Hoy me contaba que una alumna se había enamorado de él. Y en la primera semana además. Mientras me lo cuenta yo sonrío porque no me lo acabo de creer pero él insiste y me asegura que ella le declaró su amor al séptimo día. La pobre está tan colada que ya lleva 5 suspensos y Mario teme que no tenga ninguna intención de aprobar en las próximas convocatorias porque eso supondría dejar de dar clase con su amado. Su amado, o sea Mario, para que os hagáis una idea es un señor de 43 años, bajito, rechoncho, con la nariz grande y los ojos pequeños y un poco juntos. Mario hoy bromeaba conmigo y me decía que en su juventud había tenido un buen culo y unas buenas piernas, pero ahora tiene un donuts, así llama él a su barriga. Mario no es precisamente Richard Gere, no sé si os hacéis una idea. En su favor habrá que decir que es un muy buen tipo, educado, amable, paciente, divertido, sabe hablar y escuchar y tiene pinta de ser un buen padre y un buen amigo. Así que siendo justos tampoco es tan raro que alguien se enamore de él, pero no sé si en la primera semana. Mario tiene una teoría y como es un hombre inteligente y sensato, me ha convencido. Según él, los/las alumnos/as sienten desde el primer día que dan clase que ponen la vida en manos del profesor, él no sólo les enseña a conducir, sino que también les protege ante los posibles accidentes. Además los profesores, o algunos de ellos, son pacientes, amables, a la vez que exigentes. A veces te animan y otras te meten mucha caña. Vamos, que dan una de cal y otra de arena. ¿Hay algo que enganche más que eso? Mario me dice que no es la primera vez que una alumna se enamora de él. Que ya le ha pasado varias veces. La anterior fue una mujer que llevaba 20 años casada y de repente vio en Mario a una persona que la escuchaba atentamente, la alentaba, la protegía, algo que también había hecho su marido los primeros años de casados pero luego todas esas atenciones habían desaparecido. Mario cuando estas mujeres les declaran su amor, les intenta explicar que no se están enamorando de él, sino del profesor. Que él en su vida diaria, a veces no es tan atento, ni tan considerado, y mucho menos es un salvador, ya que no tiene un volante y un pedal para protegerlas ante los choques de la vida.
Ese pues es el síndrome de Venecia, una mezcla entre el síndrome de Estocolmo y el poder seductor de un profesor universitario, pero con un aliciente mayor, ya que ante el profesor no sientes que pongas tu vida en sus manos, con el de autoescuela sí. Y eso, al igual que con el secuestrador, es algo que puede enganchar y sobre todo confundir.
Tranquilos, la buena noticia es que yo no estoy enamorado de Mario. No es precisamente mi tipo.
La mala noticia es que mañana me toca ir en el coche con él y con la chica que está fervientemente enamorada de él. Tres horas de clase además. Por eso Mario hoy me ha contado la historia, para ponerme sobre aviso. Vamos, que mañana voy de carabina. Y tal vez a ella no le siente demasiado bien que Mario también me colme de atenciones y me aliente con su amabilidad y exigencia. ¿Se creerá ella lo que no es? ¿Estará dispuesta a compartir a su amado conmigo? ¿Cómo será una mujer celosa y enamorada, a la vez que inexperta al volante? ¿Debería hacer testamento? Ah, cuantas preguntas para un domingo por la noche...

5 comentarios:

Anthony dijo...

good luck today. leerte es un placer siempre, v.s.

chavela dijo...

porrrrfavorrrr ya es martes, QUÉ HA PASADO? Y lo que es más importante, hoy Marta empieza sus clases de reciclaje de conducir en la autoescuela Venecia, será Mario su profesor? será capaz el protector y bienhumorado Mario de arrebatarme a mi novia? Me encanta, me encantas. Te debo el regalo de cumple, y tu a mi una caña, no? :) besos besos mil

Mazinger y yo dijo...

Chavela! Que alegría tenerte por aquí!
Tranquila que Mario no es competencia, que Marta se quedará contigo!
He de decir que la clase de ayer fue divertida, con una alumna enamorada que a veces miraba tanto a Mario que el coche se iba al arcén... No, exagero, pero algo de eso sí hubo. Lo contaré en una nueva entrada.
un besazo! Y quedamos cuando quieras!
Y yo pago las cañas, claro!

combatientes70 dijo...

estoy deseando saber más de Mario y su enamorada... quiero más...

Anónimo dijo...

Tendré en cuenta la teoría del profesor.